Gastar es un gusto, me da gusto gastar, pero requiere, sobre todo en los tiempos de las tarjetitas de plástico, la habilidad social de programarse. Gastar es una tentación. Si Dante estuviera vivo, no dudo que agregaría "pedir crédito" como el octavo pecado capital. Y no porque sea pecado endeudarse (todos nosotros seríamos pecadores) sino por los estragos que genera la tentación de endeudarse para un segmento que no se sabe programar.
Vivir al día y planificar son dos dimensiones de la vida del habitante que pueden separar a una sociedad. Cuando el monedero electrónico se instauró en el Transantiago
(Leer más)




El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas (ES)










Comentarios recientes
hace 2 semanas
hace 2 semanas
hace 3 semanas
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes
hace 1 mes