La anécdota: hace un par de semanas, como casi siempre, acompañé a Vicente, mi hijo ciclista, en una competencia en María Pinto. Después de 70 Km., llegaba a la meta junto al pelotón compacto, y en los últimos 200 metros se cruzó un auto que atropelló a 3 de los deportistas, a vista y paciencia de carabineros. Heridos fuera de peligro pero en malas condiciones, fueron llevados por ambulancia a alguna parte. Al rato, en la llegada de los Seniors, el juez advertía a carabineros que detuvieran un vehículo que iba por la misma llegada. El carabinero no respondía porque estaba conversando feliz de la vida con un motociclista. Le llamé la atención en un diálogo más o menos así:
- Déjate de conversar y ponte a hacer tu pega,
- Usted no se puede dirigir a mi de esa manera
- Es tu responsabilidad que es vehículo no pase y sigues sin detenerlo, ¿quieres que vuela a ocurrir una accidente como el que pasó?
- Páseme su carnet
- Te lo paso, pero eso no va a evitar otro accidente
- Páseme su carnet
- Claro que te lo voy a pasar, pero déjate de hacer el loco con la conversa y respóndeme, porque igual eres responsable de lo que les pasó a los cabros.
Los ánimos estaban acalorados, el había llamado a su colega con voz temblorosa y varios ciclistas nos rodearon, tan indignados como yo por lo que había ocurrido.
Finalmente me dijo que yo podía "estampar una declaración de queja ante el Teniente de la Comisaría", yo le dije que era un chiste y me fui.
La reflexión. Esto me gatilló algo que venía dándole vueltas hace rato. La legalidad nos ayuda a tener conversaciones y relaciones inauténticas. ¿Cómo así? Por ejemplo, les ha pasado que en vez de decir "por favor apague el cigarro porque me molesta" decimos "disculpe, aquí no se puede fumar", o a un tercero le preguntamos si esta es zona de fumadores, cosa que sabemos, pero queremos hacer notar el punto. O la típica del parte que comienza con "Le
voy a tener que hacer una notificación al tribunal"... ;
A cada rato veo prácticas en instituciones que sirven para evitar la conversación directa, reglamentos que se inventan para que alguien en particular cambie su actitud, reuniones que se llama a todo el equipo para hacerles un pedido general que sólo concierne a uno, evaluaciones que se hacen a través de un formulario para evitar el encuentro.
Siempre escucho como anecdótico que Chile es un país legalista, que se vende la ley en la calle... ¿significará eso que nos acomada establecer las relaciones intermediadas por un reglamento? Como decía un viejo amigo cada vez que nos pedía un informe latero e inutil, "por mi, por mi [dos veces] no te lo pediría, pero tú sabes que son las reglas"
Cada vez que comenzamos una frase con "tengo que...", "debo irme...", "no puedo seguir aquí..." hay algo de ese corazoncito burocrático que llevamos adentro, en el cual convocamos a una regla universal para justificar nuestras acciones...
Bien,
debo dejar este post hasta aquí... por mi, por mi, lo seguiría escribiendo.
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