
Era tarde y nos fuimos a andar en la nueva línea 4 que va de Tobalaba a Vicuña Mackena. Era como entrar a una plataforma espacial (francamente nunca he estado en una, pero...). Lo encontré espectacular, como me decía el sociólogo amigo que me acompañaba esto dignifica a la gente. Luego tuvimos que hacer un trasbordo y fue mi oportunidad para viajar en los nuevos articulados de Transantiago, altos, cadenciosos, sin ruido, suaves, todo bien, todo... claro que mi amigo no entendía para adonde íbamos. Yo le explicaba como se armaban las líneas y las conexiones, le explicaba lo inexplicable. Pero, ciertamente se requiere cultura de mapa (varios años de ingeniería no pasaron en vano), lo que creí en principio que era una confusión de mi amigo se fue transformando en una interrogante colectiva. Mucha gente nos preguntaba dónde estaban y para donde había que dirigirse, fue un perderse en masa. Al llegar a una salida nos encontramos unas chicas uniformadas. Qué bueno! Mapas! Explicaciones! No... perdón, era un díptico con las consabidas proclamas de campaña. Y ahí mi única observación. Esto de que la gente tiene mapas en la cabeza es cosa rara, no es natural. Es más natural una cultura de recorrido, de número. La diosa eficiencia nuevamente nos sorprende por su insensibilidad... y otra cosa, que tiempo más rico y provechoso puede ser el del viaje para entender lo que me quieren mostrar, si es que alguien me da un papelito. "Difícil, es muy difícil acaso que la gente entienda...!" Podría pensar un señor ingeniero. Sí, es antinatural pensar con mapas en la cabeza, así que a educar.





El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas (ES)









