Gastar es un gusto, me da gusto gastar, pero requiere, sobre todo en los tiempos de las tarjetitas de plástico, la habilidad social de programarse. Gastar es una tentación. Si Dante estuviera vivo, no dudo que agregaría "pedir crédito" como el octavo pecado capital. Y no porque sea pecado endeudarse (todos nosotros seríamos pecadores) sino por los estragos que genera la tentación de endeudarse para un segmento que no se sabe programar.
Vivir al día y planificar son dos dimensiones de la vida del habitante que pueden separar a una sociedad. Cuando el monedero electrónico se instauró en el Transantiago como medio único de transacción, estaba impulsando un cambio fundamental en el segmento de bajos ingresos: dejar de vivir al día y programarse. Yo lo vi con buenos ojos, porque miro con buenos ojos el valor moderno de la programación... pifias de uno.
¿Es dificil programarse?
Vivir al día es un estilo de vida, donde lo relevante es lo que ocurre hoy, donde la esperanza es el estado de ánimo central, donde el destino y Dios juegan un papel fundamental en el futuro de la gente. Pero, también es una manera hippie de vivir, como una escena idílica de las playas que promueven en la revista de los viaje: levantarse, comer magos de los árboles, ir a la playa, hacer lo que quieras, pescar, dormir en hamacas, tomar agua de coco de la palmera que cuelga tu hamaca, y algún plátano que cambiaste por un masaje a algún turista programado.
En una entrevista me dejó impresionado una práctica de auto-obligarse a ser programado: "los vales". Vales para supermercado, vales para el gas, vales de abarrotes. Nos decían "prefiero que me den vale porque así no me gasto la plata", "acá en la oficina se acaban luego los vales porque lo prefieren, aunque se haga poca la plata".
Otra manera de auto-programarse es gastar el dinero en bienes de consumo y guardar, por ejemplo comprar 5 balones de gas en verano para cuando llegue el invierno. Y es distinto a la libreta de ahorro, porque la gracias es tener, pero no tener dinero... es fácil tentarse.
¿cómo sería un mundo sin programación?





El individualismo institucionalizado y sus consecuencias sociales y políticas (ES)










Yo soy un
Yo soy un peligro con o son tarjeta.Me cuesta programar los gastos personales