Las viejas, aunque feas, rugosas y duras, son de lo mejor para hacer un buen caldillo.
Trozadas las viejas, cabezas aparte, partió el caldillo, y aquí va la receta, para los amigos que estando en la costa, se puedan hacer de un buen par de viejas gordas.
Lo primero es antes, así que teniendo las viejas, hacemos el caldo de base, o fumet, como le llaman los que más saben.


O existirá.
Gastar es un gusto, me da gusto gastar, pero requiere, sobre todo en los tiempos de las tarjetitas de plástico, la habilidad social de programarse. Gastar es una tentación. Si Dante estuviera vivo, no dudo que agregaría "pedir crédito" como el octavo pecado capital. Y no porque sea pecado endeudarse (todos nosotros seríamos pecadores) sino por los estragos que genera la tentación de endeudarse para un segmento que no se sabe programar. 
Ciertamente después de esta fatigosa contensión de estrés nervioso que me producen dos meses intensivos de publicidad navideña, ha llegado el momento de escoger la peor de todas... el comercial más chanta, más hipócrita, más despreciable, más engañoso.














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